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'Punk Rock' de La Joven Compañía

Hace tiempo que no escribo un post y eso no significa que haya estado aislado estos meses de atrás. He visto muchas películas, leído libros y aplaudido al terminar las funciones, pero no quería venir aquí y soltar cuatro frases para llenar espacio. Porque últimamente parece que es lo único que se hace: hablar por hablar, escribir por escribir, criticar por criticar.

Pues bien, la racha del falso silencio ha terminado. Hoy vengo a presentaros a La Joven Compañía, si es que no los conocéis ya, y su perfecto Punk Rock.

Siete jóvenes preparando sus exámenes de selectividad. Un tema sencillo en apariencia que desemboca en la mayor tormenta de ideas y sentimientos que el teatro contemporáneo ha mostrado en los escenarios. El británico Simon Stephens se vale de personajes comunes, esos chicos y chicas que reconocerías en los pasillos de tu instituto, para agarrarte las entrañas y darles vueltas hasta que no puedas respirar. Has vuelto a tu adolescencia, has reconocido a tu compañero de mesa y te has hundido al darte cuenta de que no hiciste nada ante los problemas porque lo fácil era normalizarlo, convertirlo en anécdotas que se olvidaban con el último timbre de la mañana.

¿De qué sirve todo esto si no se consigue transmitir en escena? Pues no lo podemos saber porque los actores de Punk Rock te introducen sin problema en su "búnker" personal. Miedo, ansiedad, amor descontrolado, pasión... sentimientos extremos que podrían destrozar al más valiente y que aquí han sabido controlar sin caer en el automatismo. Víctor de la Fuente tiene la suerte de liderar este reparto con el papel de William, una maravillosa locura. De su mano viene Lilly, interpretado por la perfecta María Romero. Odioso y enérgico Bennett que Samy Khalil mantiene con una potencia asombrosa que se apoya en su gran partenaire Alejandro Chaparro en el papel de Nicholas. La angustia y excesos de Cissy, mantenidos a raya por la enorme Carolina Yuste. Inocencia y amor, sin caer en infantilismos, de Helena Mocejón que se funde con Tanya. Todo completado con la contención y sufrimiento de un Álvaro Quintana que te deja sin aliento con el discurso de Chadwick. ¿Me he excedido con los adjetivos? Comprobadlo y lo discutimos.

A este elenco se une un octavo componente de mayor edad, cuyo personaje prefiero no decir para evitar los spoilers, y que será interpretado por Eugenio Villota, Ariadna Gil y Chani Martín, indistintamente. Un trabajo increíble dirigido por José Luis Arellano, el hombre que apostó por los jóvenes y acertó, un auténtico valiente en un terreno dominado por lo fácil y efectista. A él le acompañan otros grandes nombres de la escena como son Juan Gómez-Cornejo, Mariano Marín, Silvia de Marta, Álvaro Luna... que complementan su trabajo con la sinergia de sus ayudantes, un equipo donde la edad no supera los 25 años y que demuestra que el relevo está en buenas manos. Así se ha conseguido una escenografía hiperrealista que se potencia al máximo con la videoescena. Un diseño en conjunto que pierde con las palabras y que merece vivirse en primera persona.

Opinión personal: creo que esta obra no merece una opinión personal, necesita una reflexión colectiva. La Joven Compañía llegó para ocupar un espacio vacío y lo han hecho dando un puñetazo en la mesa y una patada al portón del teatro. Los jóvenes tienen voz y quieren ser escuchados, están cansados de las obras edulcoradas de siempre que se olvidan tras cualquier capítulo de una serie americana. Contra esto lucha La Joven Compañía y así se lo ha reconocido 'El ojo crítico' de RNE con su galardón de Teatro 2014 y estoy seguro de que algún premio más caerá en esta temporada. Y si no lo hace, es que alguien tiene miedo a que le destierren de su acomodado asiento. Mientras tanto, id a verles a Conde Duque porque seréis vosotros los que saldréis con un premio de la sala.

Entrevista a La Joven Compañía por 'El señor de las moscas'

Ser joven no es sinónimo de ser inexperto o inculto. Cada uno es libre de elegir su futuro y puede apostar por el salvajismo o la cordura, aunque en algunos casos el punto intermedio es el auténtico acierto. La Joven Compañía sabe jugar sus cartas y apuesta por El señor de las moscas del premio nobel William Golding. Una obra donde la juventud y la madurez se mezclan y revuelven con el odio y la locura absoluta.

Hablamos con los componentes más "tranquilos" de la compañía y responden con tanto humor como sentido común.

Después de tanto tiempo representando El señor de las moscas, debéis ser unos expertos en islas desiertas. ¿Qué tres cosas os llevaríais?
Raúl Pulido: Yo creo que mucha comida, libros porque necesito entretenimiento y gente, amigos para no estar solo.
Jesús Lavi: La gente no son cosas...
Víctor de la Fuente: Hay algunos que sí, como tú (risas). Yo me llevaría amigos porque si no creo que te puedes volver loco. Comida, obviamente, el agua cuando llueva. Y... un calzado para no destrozarme los pies.
J.L: Comida...
V.F: ¡Un arco para cazar, claro!
J.L: No, no, no, a mí no me gusta cazar. Yo me llevo comida. Gente... y ya que vas a una isla, una toalla para secarte (risas). Porque te bañas 'en bolas', pero hay que ser un poco higiénico...
Alejandro Villazán: Un libro, el más gordo por si estoy mucho tiempo, algo para escuchar música y comida, fruta, mucha fruta.
V.F: ¡UN MECHERO! ¡LO CAMBIO POR LA GENTE! (Risas)
J.L: Cambio mechero por toalla (más risas).
A.V: Yo cambio la fruta por una chica para que la especie no se extinga.
V.F: Pero te vas tú solo a la isla desierta, los demás seguimos en nuestras casas (risas). Y esta era la primera pregunta, la fácil...

Los Simpson también se atrevieron a adaptar El señor de las moscas, ¿qué tiene La Joven Compañía que no tengan Bart y Lisa?
Los Simpson - Das Bus
J.L: Gente de verdad.
V.F: Ellos lo enfocan de una manera más cómica, en su línea, y nosotros intentamos que el público se lleve la sensación que quería transmitir Golding con la novela, la de saber lo que tenemos dentro y hasta dónde podemos llegar, y que se vaya cada uno con su reflexión. Los Simpson me fascinan, pero nosotros vamos a por la finalidad que buscaba el autor.
A.V: La diferencia más obvia es que nosotros estamos en un teatro y es una sensación más satisfactoria.
R.P: Nosotros lo hacemos para el público, para un público de nuestra generación.

Público de vuestra generación, pero el texto cumple 60 años en septiembre. ¿Creéis que se mantiene fresco el espíritu de la novela?
R.P: La novela es una analogía de la Segunda Guerra Mundial y, como se suele decir, la historia es cíclica y se repite. Yo creo que las guerras, las dictaduras, los abusos de poder, la violencia del ser humano están de actualidad, lo podemos ver con el conflicto en la Franja de Gaza, por ejemplo. El tema del mal en el ser humano está presente y podemos cuestionarnos si existe el mal como algo natural en los hombres. Hace poco salió un estudio de la fundación Bill Gates con las especies más letales para el ser humano y la primera era el mosquito, seguida por el propio ser humano. Es interesante porque el mosquito no mata directamente, transmite la enfermedad, pero el hombre sí lo hace con intención.

(Llega María Romero de ensayar) No te vas a librar, ¿qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?
María Romero: ¡Hala! (Risas) Me llevaría... ¿vale un teléfono? Pero no funciona... ¡UNA RADIO, UNA RADIO! Para buscar ayuda si me apetece. Me llevaría... (le hacen gestos para que diga un mechero) ¡UN MECHERO! (Risas) Y un tío (risas).
V.F: Os podéis ir juntos Villazán y tú (risas).
Alejandro Villazán, Raúl Pulido, Víctor de la Fuente, María Romero y Jesús Lavi

Decíamos que el hombre es la segunda especie más letal para el hombre. ¿Os gusta ser malvados, ser salvajes?
V.F: Precisamente aquí no hay ninguno de los malos, malos de la obra (risas). Lo que veo en El señor de las moscas no es que simplemente pierdan las normas, sino que pierden parte de humanidad. Cuando pierdes el apreciar la vida de otro que es igual que tú, en ese momento te has vuelto de un salvaje que no me gusta. Ser libre y estar menos encorsetado en la sociedad sí me gusta, que no sea todo como marcan los de arriba, pero manteniendo el interior.
A.V: Yo creo que la maldad es algo que es innato del ser humano, luego aflora en mayor o menor medida y se puede disfrutar de esa maldad cuando haces algo conscientemente. Así que sí, se disfruta siendo malo, pero con un grado de precaución, claro.

Si es algo innato, ¿un recién nacido lleva el mal dentro?
A.V: Creo que va unido a la razón, cuando tienes razonamiento como individuo.
V.F: Leí un artículo que decía que el ser humano puede ser violento porque tiene capacidad creativa; los animales somos agresivos por supervivencia o protección, pero el hombre aprende cómo hacer daño. Un bebé no es malo al nacer, aprende con el tiempo que si pega puede hacer daño y es en ese momento cuando es malo si lo usa con ese fin.

Nos estamos poniendo muy filosóficos y todavía no hemos comido, así que vamos a cambiar un poco. Habéis hecho clásicos y teatro contemporáneo, ¿qué obra os gustaría hacer ahora?
V.F: Comedia, queremos hacer una comedia.
R.P: Sí, nos falta un Shakespeare y una comedia. Me apetece mucho una comedia.
M.R: La compañía trabaja con lo que llamamos el consejo de sabios, un grupo de docentes que junto con el equipo directivo seleccionan obras muy variadas para los jóvenes. Por eso podemos ir desde Fuenteovejuna a El señor de las moscas.

Volviendo a la obra, ¿hubiese sido diferente con mujeres en la isla?
J.L: Sí. Esto lo hemos hablado muchas veces y en la obra destaca mucho la testosterona masculina que te lleva a lo salvaje, a ver quién es el más macho.
M.R: Y si en la historia introduces a una chica, estaría el problema de meter el fondo del amor, de la sexualidad, de qué pasa entre chicos y chicas porque aunque son niños, están solos y no hay normas.
R.P: No sería tanto luchar por el poder, sino luchar por una chica.
J.L: También creo que se podría hacer solo con mujeres. Pero uniendo a ambos sexos, no. Ellas también se volverían salvajes porque tienen ese lado.
M.R: Claro que sí (risas). Las mujeres somos seres humanos también.

Ralph, Jack o Piggy, ¿cuál sería vuestro líder en la realidad?
R.P: Me iría con Ralph, no por ser el más lógico sino porque no me gusta hacer el salvaje, me gusta tener las cosas controladas. Aunque terminaría con los otros porque no quiero estar bajo el yugo de los salvajes.
V.F: Opto por Piggy porque es el único que no pierde la idea de salir de la isla y estás perdido cuando dices que te quedas ahí. Quizá es muy pesado con las normas, pero prefiero eso al salvajismo.
A.V: Ahora tendría ese pensamiento de salir de la isla, pero creo que hace unos años me habría ido con los salvajes casi seguro.
J.L: Aunque está feo que lo diga, me iría con Piggy (risas porque es su personaje). Es lo que dice Víctor, es el único que lucha por salir de la isla y el que tiene las cosas claras.
M.R: Yo me iría con los salvajes por pura supervivencia (risas).

Última escena, oscuro y baja el telón. ¿Qué sentís en ese momento?
V.F: Eso es para entrar con una cámara y verlo. La emoción, la adrenalina, el miedo. Entras cargados de 20.000 cosas, de furia (un guiño a los talleres que organiza La Joven Compañía).
M.R: El señor de las moscas es una novela muy dura a pesar de ser de aventuras y creo que de alguna manera te toca y aunque no te cambie la vida, te marca sí o sí. Por muy mal que lo hagamos (risas), la historia, la escenografía capitaneada por Silvia de Marta, la música de Mariano Marín, el texto de Collado o la iluminación de Cornejo hacen que te llegue. Esos oscuros en el montaje te emocionan, aunque se avisa para que los niños no se alteren.

¿Hace falta avisar de los oscuros hoy en día?
M.R: Sí, porque quizá no hay mucha costumbre de ir al teatro, los niños puede ser su primera vez y se revolucionan.
R.P: Se avisa por si acaso, pero creo que llega un punto en el que están tan metidos dentro de la historia que no reaccionan de una manera tan exagerada como cuando nosotros éramos unos chavales y nos volvíamos hooligans. Este proyecto nace para llevar el teatro al público adolescente y hay que tratarles de tú a tú y no tratarles de una manera especial o haciendo pantomima. Ellos exigen ese trato de adultos, no es un teatro infantil.
J.L: Y precisamente esta función menos.

¿Quizá es un texto demasiado adulto?
R.P: Como dice David Peralto, nuestro director artístico, nosotros no vamos a contar historias que no les interese o las vamos a censurar. Ahora con 12 años tienen videojuegos violentos y El señor de las moscas les lleva por muchas emociones y les habla de grandes temas para reflexionar.
M.R: Se pueden ver reflejados porque los personajes son de su misma edad y nosotros somos gente joven que les podemos enganchar también. Son ingredientes que hacen que los adolescentes quieran conocer más nuestro trabajo.

El precio de la manzana

Reineta, golden, fuji... Hay una gran variedad en el reino de las manzanas, pero la más codiciada por los artistas tiene nombre propio: Max. Plateada y con antifaz dorado, el símbolo del pecado oculto tras el misterio de las máscaras. Todos quieren ser los dueños de Max y no dudan en esclavizarse durante meses, e incluso años, para ser los elegidos. La XVII edición de los Premios Max ya tiene a sus galardonados y hemos hecho dos preguntas para comprobar si son dignos merecedores del trofeo: ¿Cuánto cuesta un kilo de manzanas? ¿Cuánto os ha costado esta manzana de un kilo?


The Funamviolistas
La primera pregunta no se la esperaba nadie y en sus reacciones se ve. Ojipláticos, dubitativos y con carcajadas han recibido la intromisión a su lista de la compra. Mayte del trío  The Funamviolistas, Max al Espectáculo Revelación, paga el kilo de manzanas a 1,80€ y no puede ponerle precio a la plateada, "es impagable". Hace un año y medio de la creación de su show, "una producción pequeñita" que tras varios premios cierra por todo lo alto con una manzana dividida en cuatro trozos. Max, te dejo en buenas manos.

La Maquiné consigue el premio al Mejor Espectáculo Infantil con El bosque de Grimm y el precio de sus manzanas "depende de cómo sean". Una compañía creada en 2008 y que "desde entonces no hemos parado de trabajar". "Alegría por el reconocimiento a nuestra trayectoria", comenta Joaquín mientras Elisa se sorprende porque "es una obra de teatro gestual", con un gran apoyo en la música. Max, disfruta con La Maquiné.


Ron Lalá Teatro
Aunque el hecho de estar nominados ya es un gran premio para muchas compañías, no todos pueden conseguir a Max. Un ejemplo de esto son los quijotescos Ron Lalá que llegan a la gala directos desde Londres, donde han llevado su particular manera de hacer teatro. "Mucho trabajo y sacrificio" con un espectáculo que "aglutina teatro, música y humor" han sido las claves para su nominación. Lo que no tienen tan claro es el precio de las manzanas porque Juan cree que valen "lo mismo que un kilo de peras", Íñigo se la juega con "uffff 2,45€" y Álvaro sigue pensando en libras, a pesar de que "todo es más caro". Yayo, su director, nos dice que "preguntemos a Eva". Lo siento, Max, esta vez no podrás hacer compañía al limón alado.

La Belloch Teatro
Tampoco tuvo suerte Carolina África, tanto en el premio como en la cesta de la compra. "El otro día compré una pieza y me cobraron 90 céntimos", recuerda riéndose al pensar que sería muy gorda la manzana. La nominada a Mejor Autoría Revelación por Verano en diciembre cuenta que llegar a la gala ha supuesto "mucho esfuerzo, sin medios, una producción hecha entre las cuatro mujeres de La Belloch Teatro". Actriz, autora y directora de una obra muy personal donde "es un lujo trabajar con el talento de Carolina", asegura su compañera Pilar Manso que compra las manzanas a 1 euro. Max, tampoco podrás irte con esta revelación.

Si los nervios tuviesen nombre, se llamarían Josué Ullate. El joven bailarín se enfrenta a su primera nominación como Mejor Intérprete masculino de Danza por Bolero y sabe que "es un regalo estar entre artistazos y vengo a disfrutarlo". A pesar del peso que conlleva ese apellido en el mundo de la danza, Josué está contento de que se hayan fijado en su trabajo y ve más premio en "que piensen en mí". Finalmente no pudo conseguir a Max porque Israel Galván arrasó con Lo real llevándose los tres a los que estaba nominado. Seguramente no será la última vez que nos encontremos a Josué y quizá la próxima sabrá el precio de las manzanas porque "me has pillado por completo, no tengo ni idea".


"No tengo ni idea", asume también Pedro Casablanc sobre el precio de las manzanas mientras Sara Illán asiente detrás de él porque ella sí lo sabe y se sorprende cuando el candidato a Mejor Actor dice que "no ha costado absolutamente nada" la nominación. Respira tranquila cuando Pedro afirma que es "el trabajo de una obra más de las que he hecho a lo largo de mi vida, una por año desde los quince". Tristán Ulloa, que competía a Mejor Dirección de Escena por En construcción, comenta que esa nominación "ha costado un huevo y parte de la yema del otro". Reconoce que está mal decirlo, pero "hay gente que ha regalado su trabajo para que la obra salga adelante" y espera que en el futuro "haya mejores condiciones". Tristán, aun comprando las manzanas por unidades, se queda sin Max.

Eva Yerbabuena
Sol Picó, nominada a Mejor Intérprete femenina de Danza y Mejor Coreografía por Memòries d'una puça, se gasta "2 euros, ¿no?" en las manzanas. Duda y se ríe como muchos de sus compañeros, pero lo que sí tiene claro es que esas nominaciones han costado "muchísimo trabajo". Sin embargo, Max es muy caprichoso y decide irse con Eva Yerbabuena y su ¡Ay!, un trabajo con "mucha dedicación y amor incondicional por mi lenguaje que es la danza, el flamenco". "No todo es queja ni penuria, también hay muchas satisfacciones en este sacrificio", reconoce Eva tras recibir su premio en un momento en el que "ahora mismo no sé ni lo que cuestan las manzanas que compro en el puesto".

Maika Makovski
Maika Makovski lo tiene claro, "2,95€ si son ecológicas". A la ganadora a Mejor Composición Musical por Forests, el Max le ha costado "muchos meses de trabajo y mucho placer". Su segundo trabajo con Calixto Bieito ha sido "muy orgánico y muy natural, con temas basados en Shakespeare y formados en la sala de ensayo". Un proceso muy parecido al de María Araujo, Max a Mejor Figurinista por El lindo don Diego, con un diseño "muy actual, con elementos del siglo XVII, pero que ayude al actor a sentirse identificado y le vaya en favor". Un trabajo "muy complicado" para María, quizá casi tanto como comprar manzanas porque admite con humor que "nunca voy a comprar al mercado".

Juan Diego Botto
El que sí lo hace es Sergio Peris-Mencheta y nos cuenta que "hay una manzana japonesa que es la hostia de buena y cuesta unos 3,5€ el kilo, pero para hacer zumo puedes encontrarlas por 0,70€ en un chino o un indio". El Max a Mejor Espectáculo de Teatro conlleva "mucho esfuerzo, pero con amor, diversión y juego". "Lo que más me ha costado ha sido no estar con mis hijos", confiesa el director de Un trozo invisible de este mundo. Obra con la que Juan Diego Botto consigue el Max a Mejor Autor Revelación y Mejor Actor que con la emoción, y las prisas de ser el hombre más solicitado del momento, responde a ambas preguntas con un sincero "hostia, no tengo ni idea".

Listado con los nominados y ganadores de la XVII edición de los Premios Max.

Lavar, marcar y enterrar

Del clásico teatro a las salas alternativas, cualquier lugar es bueno para representar si se hace con ganas. Hoy nos vamos a la peluquería Corta Cabeza, una auténtica declaración de intenciones. Lavar, marcar y enterrar es una mezcla entre comedia negra y surrealista, un paseo por la increíble vida de Gabriela.

Una dueña que creía tener enterrado su pasado, tendrá que enfrentarse a sus fantasmas y huir hacia adelante con Fernando, su ayudante, y los aspirantes a policía Verónica y Lucas. ¿Demasiadas cargas?

La historia de Malasaña parece correr en paralelo con la de Gabriela y su peluquería, una lucha por mantenerse en pie durante años y contra aquellos que apostaban por la renovación desde los cimientos. Ahora le toca enfrentarse a un nuevo contratiempo, ha sido secuestrada junto a su ayudante por dos enmascarados que pretenden robar 120.000€ del local contiguo. Cada martillazo en la pared será un golpe en la oscura memoria de Gabriela.

Una obra escrita y dirigida por Juanma F. Pina que, para los que les gusta las referencias, tiene reminiscencias de los trabajos de Dunia Ayaso y Félix Sabroso. Una historia redonda que mezcla lo mejor del género negro con lo más absurdo y loco del surrealismo. El trabajo consigue mantener la atención del espectador y saca una sonrisa en los momentos más dramáticos, algo que se agradece y que es más difícil de lo que parece.

Juan Caballero, Victoria Mora, Mario Alberto Díez y Danai Querol son los encargados de defender este texto con una variedad de personalidades que van desde la dignidad a la neurosis. Cuatro actores para ocho personajes que ganan cuando se transforman en los que podríamos denominar como secundarios. Es en esos viajes en el tiempo donde Juan, Danai y Alberto pueden jugar a la exageración con sus nuevos papeles y se crecen en el gag. Victoria es y ha sido una auténtica señora, no importa el paso del tiempo.


Opinión personal: si queréis vivir una experiencia teatral alejada del típico escenario, aquí te puedes sentar cual señora que espera a hacerse la permanente en la peluquería y disfrutar durante algo más de una hora con estas cabezas tan bien peinadas. Me quedo con ganas de contar más cosas, pero sería spoiler tras spoiler y así pierde la gracia. Mejor id a verla y descubrid los secretos de Gabriela. Eso sí, daos prisa en reservar porque el espacio es reducido (25-30 espectadores) y están llenando.

Montenegro (Comedias bárbaras)

Cuando parece que se impone la moda de alargar las adaptaciones literarias hasta límites insospechados, Ernesto Caballero se atreve a condensar las Comedias Bárbaras  de Valle-Inclán en algo más de tres horas. Nadie se va a atrever a decir que el texto del maestro es malo, faltaría más, pero quizá queda deslucido al forzar una representación de más de 3 horas.

Sin embargo, ahí está el Centro Dramático Nacional apostando por los clásicos al uso y llenando con ellos. ¿Quién si no?

Montenegro es una historia de extremos, la majestuosidad de una estirpe llevada a lo más decadente de su propia naturaleza. Un viaje entre lo profano y lo sagrado, de lo virginal a lo sobrenatural. Esta obra juega con todo y no tiene miedo a la hora de hacerlo, Valle-Inclán era teatro puro. Y al frente de todo, Don Juan Manuel. Un hombre al que odiar y admirar, un rey sin trono en sus dominios.

En escena aparecen más de 20 actores, muchos de ellos desdoblándose en varios personajes, y ninguno queda como simple relleno. Esto no es fácil de manejar, he visto obras donde sobraban dos en un trío, y Caballero ha sabido jugar con los ejercicios más básicos del teatro gestual. Seguro que ninguno esperaba volver a realizar los ejercicios más básicos de su enseñanza. Todos ellos están apoyados en una escenografía sencilla que con dos elementos consigue el cambio de lugar.

Un gran trabajo actoral donde cabe destacar a Ramón Barea, demostrando que su Premio Nacional de Teatro no ha sido una casualidad porque lleva a tragedia en las venas. No me gustan los tópicos, pero él es un auténtico animal escénico y aquí saca las garras. Idéntica pasión a la de Ester Bellver en su papel de Pichona, la parte esotérica de la obra junto a la locura y oscuridad del Fuso Negro de Edu Soto. Tampoco me puedo olvidar del desvergonzado Galán de Janfri Topera, la potencia de David Boceta como Cara de Plata o el temple de Alfonso Torregrosa, entre otros.

Opinión personal: no es fácil mantener el interés del espectador durante más de 3 horas, incluso hay veces que a los 3 minutos ya has perdido su atención, pero Montenegro lo consigue. Si tuviera que poner una pega sería el último minuto, me choca ese corte con los hijos de D. Juan Manuel tras lo épico de su final. Una obra de difícil adaptación que conseguiría más reconocimiento del público si no se viese tan alargada su duración estimada. Nunca olvidaré a la señora que subía las escaleras aplaudiendo para irse a casa.

Confesiones a Alá

María Hervás. Llevo varios días pensando sobre lo que quiero contar de Confesiones a Alá y en mi cabeza solo aparece María Hervás. ¡Qué maravilla de interpretación! Dos horas de un monólogo intenso y duro con continuos cambios de registro que llevan a María desde la inocente niña a la sufrida mujer. Una perfección en constante ascenso.

El texto es la adaptación de Arturo Turón, director de la obra, del texto Confidences à Allah de Saphia Azzeddine. Una conversión del monologo al teatro casi literal, con pequeños cambios para respetar la vida de Jbara. Se nota que Arturo confiaba en María para defender a esta mujer desde el principio al final, sin pasar por alto los momento más sórdidos y sexuales de su vida. No suavizar nada ha sido un gran acierto.

La historia es sencilla, dentro de su complejidad, ya que no deja de ser la vida de una persona y su linealidad en el tiempo ayuda a no perderse en ningún momento. Conoces a Jbara y te enamora con su franqueza e inocencia, no tiene miedo a decir lo que piensa al público. Una joven que es "pobre y vive en el culo del mundo". En principio parece que no tiene nada que perder, pero al quedarse embarazada será desterrada y tendrá que salir adelante. Aquí comienza una maduración instantánea, los golpes de la vida como suele decirse.

No quiero destripar mucho más de la historia, es mejor dejar que os sorprendáis si tenéis la oportunidad de disfrutar con el arte de María o leyendo el propio texto de Saphia. Una crítica constante a la represión de la mujer por el hombre y la defensa de su rebeldía para salir adelante por ella misma. "Mi padre es un ignorante, pero él lo ignora", asegura Jbara y te ríes con ella, una risa de dolor. María sabe empatizar con el público y te lleva a sentir lo que su personaje siente, juega con tu impotencia ante una situación que vemos lejana y, normalmente, a través de una pantalla.

La obra critica a la religión que le ha tocado en ese momento, pero es un discurso tan universal que podría aplicarse a otra situación a miles de kilómetros y eso es lo que le hace tan grande. María lo vive, es una actuación desde las entrañas, parece haberlo sufrido, e incluso el trabajo de su acento te mete hasta el fondo. Estamos ante una de esas interpretaciones que podrían servir de ejemplo en las clases de arte dramático. Cuando consigues que el público se mantenga atento durante dos horas y al final se levante para aplaudirte, has hecho un gran trabajo y esa fue la reacción en mi pase.

La sala no es la idónea para esta obra, la parte técnica es un caos. Pero hay que ser comprensivos, cada día de la semana hay un montaje diferente y es casi imposible adecuar los focos y el espacio al gusto de todos. Aquí se juega con eso y encima hay que dar gracias por tener la oportunidad de estar en un teatro. Es una pena, pero es la realidad. No todos tienen la suerte de ser los únicos en el cartel. Sin embargo, no pasa nada. María es perfecta, consigue lo imposible, cuando actúa me olvido de todo y viajo a su lado por el Magreb.


Opinión personal: esta vez sí que no tiene este párrafo. Creo que ha quedado muy claro que me quedo con la interpretación de María Hervás por encima de todo. Una firme candidata para ganar todos los premios a Mejor Actriz de la temporada. Arturo Turón se lanza al teatro por primera vez con este texto y ha dado en la diana, simplemente espero que sepan apreciarlo y llegue a donde tiene que llegar. De momento, podéis ver Confesiones a Alá los lunes en el Teatro del Arte, más adelante deberían llenar a diario un espacio mayor.

Actualización: desde el 25 de junio, Confesiones a Alá se puede ver en el Teatro Lara de Madrid.

El rey tuerto

Mostrar una situación conflictiva actual es muy fácil si lo planteas como un drama al uso, o debería serlo. El problema viene cuando juegas a la comedia, intentar hacer reír con temas que han causado ira y removido conciencias, pero Marc Crehuet lo ha dominado con El rey tuerto.

La situación que nos presenta es sencilla: ¿qué pasa cuando un antidisturbios llega a su casa tras haber reventado el ojo a un manifestante? La solución la podréis conocer en la Sala Mirador, durante esta semana en Madrid, y después tendréis que seguirles la pista. Yo ayudaré.

Esta obra viene precedida por un gran éxito en Cataluña y me gustaría ver muchas más, que el buen teatro debe salir para airearse y dejar que lo disfrutemos todos, aunque el espacio le quede grande y la acústica pueda entorpecer al discurso. Pero no pasa nada, porque aquí hay discurso para rato y está muy bien guiado, sabes por dónde quiere llevarte y te dejas arrastrar porque su humor ayuda. ¿Cuántas hostias nos hemos dado entre amigos acompañadas por un 'jajaja' final?

Respuestas y soluciones puede que no se consigan, pero preguntas y actitudes ante los problemas veremos de sobra. El contexto lo conocemos de sobra, es la situación actual de millones de personas en España, y quizá por eso duele más el reírse ante su ingenio, es esa risa tras la caída de alguien que aparece antes que la preocupación por si está bien. ¿Quién tiene razón? ¿Dónde están los culpables? ¿Está impregnado en la condición del ser humano o se puede cambiar radicalmente entre extremos como David?

Cuánta pregunta me ha salido de golpe, creo que le estoy dando demasiadas vueltas a lo que vi. En el escenario se presenta una puesta en escena sencilla: una habitación centrada en una mesa que servirá como campo de batalla en las discusiones. Como ya he dicho, la sala es demasiado alta por lo que el sonido rebota creando sensación de eco y puede comerse algunos detalles, pero para eso están los actores que defienden sus líneas a la perfección.

La primera sorpresa es Betsy Túrnez, encargada de llevar a Lidia desde la sumisión a la rebeldía sin necesidad de apuntarse a un curso para ello. La chica tonta de la que te ríes te lleva a llorar con ella. Hasta Alain Hernández, el duro policía David, cambiará por ella, su novia. Una interpretación perfecta de Alain que consigue que empatices con el antihéroe por excelencia. Ruth Llopis es Sandra, la amiga de juventud de Lidia, un personaje que sueña demasiado y se convierte en el contrapunto perfecto de ella. Su novio, Ignasi, es el que sufrió el pelotazo en el ojo quedándose tuerto, un sentimiento que Miki Esparbé ha absorbido a la perfección y llegas a creer que es real, a pesar de sus momentos de locura infantil. Mientras la historia principal se desarrolla, podemos ver a Xesc Cabot dando vueltas por escena como un ministro sin discurso que se apoya en ese ruido que genera la sociedad para conseguir salir adelante. El problema viene cuando se le da la palabra, ¿tendrá algo interesante que decir?


Opinión personal: estoy empezando a plantearme el abandonar este párrafo porque creo que ha quedado bastante claro lo que pienso de la obra y sus actores. Así que voy a hacer un pequeño alegato, bonita palabra, en defensa de las obras humildes que se atreven con todo aunque saben que tienen mucho que perder. Buscad teatro, hay alternativas a lo precocinado y en ocasiones es bueno dedicarle tiempo a su preparación, estoy seguro de que Lidia ha aprendido la lección. Bravo Marc.

Cerda

En la calle de los Abades, junto a un trébol de la buena suerte, se encuentra el convento del Santo Membrillo. Un lugar con unas monjas muy particulares que nos enseñarán la receta del dulce de la fruta para comenzar. Un paso necesario para adentrarte en lo absurdo del lugar. Aquí hay que jugar y meterse en su locura, de nada sirve preguntarse por qué hacen lo que hacen, esta es su casa.

La casa de la portera cede sus habitaciones a una Cerda con letras de oro y raso malva. Una inquilina anclada en la comedia absurda y surrealista.

Me gustaría contar algo sobre la historia, poder describir lo que vi entre aquellas ocho paredes, pero prefiero no decir más de lo que ya he dicho y de lo que se puede ver en su cartel. Cuando te enfrentas a Cerda, estás luchando contra un alma que lo ha perdido todo y lo devuelve transformado. Un convento con sus secretos y misterios que quizá no son nada al lado de lo que esconden los de verdad. Pero ese ya es otro terreno de juego.

El texto de Juan Mairena es un fantástico festival de alusiones, referencias y chascarrillos que van desde el detalle más clásico del teatro, como el recuerdo de Teresa de Jesús, a la broma más actual con el saturado "relaxing" de Ana Botella. Un arma de doble filo para los que conozcamos la mayoría de los elementos, porque puede llegar un momento en el que te satures, pero ver a Dolly recitar al puro estilo Blade Runner es algo memorable. No hay nada más dañino que un libreto que oculta sus verdades en los chistes más banales, el golpe del despiste.

En escena podemos ver a cinco actores muy marcados, aunque son tres los elementos imprescindibles. En un extremo está Dolly, la locura y el surrealismo en estado puro. En el otro, la serenidad y seriedad absolutas de Soledad Rosales. Entre estos dos puntales está Inma Cuevas jugando a ir de un lado a otro sin ningún tipo de miedo y con un control absoluto de la situación. Es una maravilla ver cómo ríe y llora al mismo tiempo, nunca había visto darle tanto sentimiento a Parole, parole. María Velesar y David Aramburu completan el reparto con unos personajes en la línea de lo absurdo y necesarios para avanzar en la historia.


Opinión personal: creo que ha quedado bastante claro a lo largo del texto, como casi siempre, lo que opino de esta obra. Es una comedia y me he reído, es absurda y lo sabe. No absurda en el sentido negativo, es absurda en su extravagancia y de eso Dolly sabe un rato. Su marca está presente y donde pisan sus tacones queda la huella, sin embargo le ha salido una competidora muy dura. Inma Cuevas arrasa, me enganchó desde el primer segundo. Siento decantarme por uno de los actores, tenía que darle sentido al comienzo de este párrafo, pero es que la maestría de Inma es sublime.

¿Les olvidarán?

RIOS. Entonces... ¿nos olvidarán?
SOLANO. ¿Nos olvidarán?
RIOS. Puede que ya estén olvidándonos.
Ñaque - José Sanchis Sinisterra
Sus miradas me matan. Han pasado los años, más de cuarenta, y sus ojos se han transformado. Lejos quedan los dos veinteañeros que salieron de la RESAD con miedo a lo que se podrían encontrar. Han recorrido largos caminos, como buenos cómicos de la legua que son, y han acercado el teatro a lugares donde el único visitante era el hambre. Ellos son José Palacios y Antonio Orozco, Taormina Teatro desde 1973.

Cada uno en un lado del escenario, ocultos en las cajas, vocifera el nombre del otro. Están perdidos, necesitan encontrarse. Una pareja de actores que no puede vivir el uno sin el otro, que viajan sin destino fijo buscando un teatro donde contar sus historias. Porque el público siempre está y las tablas también, con suerte, pero los que las pisan no son eternos. Explican quiénes son, por qué están donde están y cuál es el trabajo de sus compañeros. ¿Qué pasa si observan a los espectadores? Dos minutos en silencio y la sala no deja de reír, aunque ellos no hacen nada.

Van pasando las escenas y las emociones, detrás de esta obra hay mucho más que las palabras de Sanchis Sinisterra. Son dos hombres que han compartido una vida, que cuando se dan la réplica conocen lo que sucede, no hay un centímetro de escena que no haya sido pisado por ambos. Y se nota. Las anécdotas de Ríos y Solano no tienen nada que envidiar a las de Palacios y Orozco. Cuatro cómicos separados por siglos que comparten más de lo que un día pensaron que serían sus vidas.

A lo largo de la noche se hacen diferentes entremeses, la especialidad de Taormina. Las mujeres de Antonio son memorables, un auténtico lujo al estilo clásico. El tonto de José, un personaje al que nunca he visto sacar tanto partido. Dos actores que sienten lo que hacen, que llenan cualquier rincón. El tiempo ha pasado y ya no tienen la resistencia de su juventud, es cierto que es una obra muy rápida y el diálogo ahoga al más experto, pero ellos salen adelante y se crecen. No importa si en el patio de butacas hay dos personas o 200, la pareja sabe que el respeto y la lucha por defender el texto debe ser la misma.

Solano olvida su papel, no recuerda su pasado. Empieza a agobiarse, no sabe lo que le está pasando. ¿Es culpa suya o quizá nadie escucha lo que cuenta? Ríos le ayuda, quiere que salga adelante y no dé nada por perdido. Han sufrido demasiado, en soledad y con piojos como única compañía. Ahora no es momento de abandonar, tiene que recordar. Solano lo consigue cuando Ríos comienza a dudar. Lo ha hecho por el público, pero ¿qué pasa si ellos ya les están olvidando?

Hicieron radionovelas, televisión, se han dejado el alma y la piel en los escenarios paseando del María Guerrero al Alfil, pero su auténtica pasión estaba lejos de lo que muchos buscan, la fama. El ambiente elitista que puede llegar a coger esta profesión les hizo alejarse de todo esto, aunque el teatro es algo que se adhiere a tu piel y no puedes abandonar. Decidieron montar su pequeña compañía, Taormina, y durante 40 años han estado defendiendo el arte en escena.

Cuatro décadas donde han predominado las comedias y las obras infantiles. Orozco reconoce que los primeros años fueron demasiado dramáticos, un esfuerzo que pasa factura. Media vida empeñados en hacer reír con inteligencia, enseñando a los que comienzan con sus clases en institutos y demostrando lo que es el amor por el teatro. Es triste pensar que tanto talento pueda desaparecer por haberse dedicado a llevar la cultura donde no llegaban los caminos; ese es el precio por alejarse de los flashes, el homenaje que les hacen los que cortan los hilos.

Al terminar la obra, siempre voy a verles detrás del telón. A recordar lo que hacíamos juntos, a reír con sus bromas. He compartido muchas tardes aprendiendo de ellos, tanto de teatro como de la vida. Pero esta vez ha sido distinta, las lágrimas están en sus ojos, su mirada duele, y las palabras no me salen, tengo un nudo en la garganta. Ñaque es una obra con mucha verdad y aquí nos hemos dado cuenta de que todo puede desaparecer de un día para otro. ¿Les olvidarán?

Màscares (Máscaras)

El cine y el teatro no están muy alejados, con un documental es más sencillo unirlos. A través de Máscaras conoceremos el aprendizaje de un texto, la creación de una obra, la inmersión en un personaje.

Josep Maria Pou es el eje principal de todo. Comenzamos con el final de La Cabra, ganadora del Premio Max en 2007, para ir entrando despacio en Su seguro servidor, Orson Welles.

El creador de Ciudadano Kane tiene mucho por contar, pero aquí no lo veremos, ahora toca escuchar a Pou.

"En el teatro, cuando el mago hace desaparecer la paloma, nos preguntamos ¿cómo lo ha hecho? En el cine, la pregunta es ¿cómo lo hicieron? Esta diferencia de tiempo es la que diferencia el cine del teatro, el truco de la magia". Esta es una cita de la obra, algo que resume a la perfección lo que nos quiere enseñar. Welles dominaba el cine, pero nunca olvidó lo que pasaba sobre las tablas. Eso es magia y él estaba hipnotizado por Shakespeare.

Pou también tiene relación con el dramaturgo inglés, su pequeña obsesión con El rey Lear. Nos enseña, casi siempre sin darse cuenta, su método para absorber un personaje, su trabajo como actor. Sale de su  estrecho arquitecto en La Cabra para dominar a un Welles que juega a lo grande. Una obra que deja la mayor parte del peso en este personaje y que dota al actor de un gran poder sobre él. En ocasiones parece ser el director de la obra, pero ese es Esteve Riambau.

El mismo que dirige este documental junto a Elisabet Cabeza. Pou domina un estilo a la hora de interpretar, el texto debe salir por la boca sin pensarlo. Esto le obliga a leer y repasar la obra cientos de veces. Es el mismo método que tenía Concha Velasco en La vida por delante, dirigida por el protagonista de este documental, y que chocaba con la técnica de conocer primero al personaje de su joven compañero, Rubén de Eguía. Pou asegura que cuanto más mayor es el actor, mejor es su interpretación. Pero es entonces cuando falla la energía.


Opinión personal: una obra de visionado obligatorio si os gusta el teatro, si queréis conocerlo desde dentro. Se intuye el trabajo que conlleva poner en cartel una obra de teatro. El trabajo artístico y el técnico, cuando uno falla el otro lo sufre. El único problema que tiene este documental es que, cuando termine, querréis ir a ver la obra al teatro y eso ya no es posible. Si tuvisteis la suerte de verlo en su día, aquí tenéis una buena opción para completar la experiencia.

'La Avería' de Blanca Portillo

Los Premios Max de las Artes Escénicas cumplen quince años en su próxima edición. Ninguna mujer se ha llevado el premio a la Mejor Dirección de Escena. ¿Se romperá la tradición en 2012? La candidata con más papeletas para conseguirlo es Blanca Portillo por La Avería.

Fernando Sansegundo ha sido el encargado de la adaptación teatral de la obra del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt. Estará en las Naves del Español, en el Matadero de Madrid, hasta el 1 de enero. Queda poco tiempo, así que no dudéis en ir. Es uno de los mejores montajes que tenemos sobre las tablas.

El Studebaker color cereza de Alfredo Traps ha tenido una avería. Esto le obliga a aceptar la invitación de un anciano caballero para pasar la noche en su casa. Allí descubrirá que nada es lo que parece, que el tiempo y sus efectos cambian por momentos. Esa noche se celebra una cena, la mejor de su vida, y allí le propondrán un juego. La curiosidad le hace aceptar y aquí comienza su viaje por la Ley y la Justicia.

Al llegar nos encontramos con una casa de altos techos, una librería llega hasta lo más alto. Rodeada por un jardín de césped y un rosal cuidado por su jardinero. La escenografía es perfecta, incita a buscar todos los detalles que puedas encontrar. Poco a poco, vamos conociendo a unos personajes que están a la altura del decorado. No vayáis buscando a los actores, han quedado tapados por capas de tiempo.

Muchas caras conocidas nos venden esta avería, pero solamente veremos la de José Luis García-Pérez, el desquiciado Traps. Podemos intuir a Daniel Grao, firme en su papel de anfitrión y juez. Mademoiselle Simone tiene unas manos mágicas, como la interpretación de Emma Suárez. Fernando Soto consigue enternecer con su Pilet haciendo lo imposible. Zorn es extravagante y su voz emociona, Asier Etxeandía sabe conseguirlo. José Luis Torrijo gana unos kilos para convertirse en Kummer, pero no pierde nada de agilidad.




Opinión personal: tengo una extraña afición a no controlarme cuando algo me gusta y debo informar en vez de opinar. Así que, para cerrar esta reseña, poco me queda por añadir a lo ya dicho. Estamos ante una de las obras del año y, para los que apoyen la teoría de que un premio es sinónimo de calidad, lo comprobaremos en la próxima gala de los Premios Max. Si os podéis acercar por el Matadero para ver esta obra, no os va a decepcionar. A esta magnífica obra se le suma un espacio inigualable.

Más de 100 Mentiras

¿Un musical sobre Sabina? Pero si las canciones de Sabina son historias propias. ¿Cuenta su vida? A mí no me gusta Sabina, así que no me llama la atención este musical.

Estas son algunas de las frases que seguramente se han dicho al enterarse del nacimiento de este espectáculo. Algunas son ciertas, otras pertenecen a esas Más de 100 Mentiras.

Canallas, prostitutas, alcohol, chulos, bombines, y algunas Sabinadas más se reunen en el "Darling's", un bar que será el núcleo de la historia.


El "Tuli" ha salido de la cárcel después de tres años. En su cabeza sólo hay una idea, vengarse de Villegas. Él le metió allí y mató a su amigo Samuel. Junto a su ex-cómplice, Juan, y a la hermana del asesinado, Magdalena, va a organizar el ajuste de cuentas. Un plan sencillo que puede complicarse con el mínimo fallo. Una historia de maleantes que se convierten en canallas buenos, como sólo Sabina sabe contar.

El reparto es muy variado y las caras menos conocidas son las más interesantes. Víctor Massán es Samuel y el actor clave, una interpretación muy buena, con algún recuerdo a su Maestro de Ceremonias en Cabaret. Pronto le veremos en la adaptación de Urtain para Estudio 1. Guadalupe Lancho hace de Magdalena, enamora en todos los registros que tiene. Juan Pablo Di Pace, Juan, y Álex Barahona, Tuli, están correctos.

Diego París, Manitas, y Juan Carlos Martín, Ocaña, son dos personajes absurdos que el público coge cariño pero no dejan de ser eso, absurdos. Felipe García es Villegas, un malo al estilo de la mafia. Marta Capel interpreta a Rossana, una voz interesante para las letras de Sabina. El alternante de "Tuli", Jaime Zataraín, nos gustó más que el principal. Dos estilos diferentes, pero este ha pisado más escenarios, o eso parece.

Es obvio que la música es un elemento clave de esta historia. Pero el problema de Sabina es que sus canciones son historias propias, sin embargo han sabido adaptarse y cogen estilos que van de la samba al flamenco. "19 días y 500 noches", "La canción de las noches perdidas", "Contigo" o "El pirata cojo" son algunas de ellas. También se incluyen diferentes sonetos del cantautor que enlazan la historia. "Yo quiero ser una chica Almodóvar" es un número que aparece de la nada pero que debía estar ahí, nuestro preferido.



Opinión personal: como suele ser habitual, ya he ido soltando mi opinión a lo largo del post. Es un musical muy interesante, una adaptación correcta de las letras de Sabina que, en principio, parecían imposibles de enlazar. Víctor Massán es un actor que se va metiendo poco a poco en el panorama y aquí destaca de manera soberbia. Más de 100 Mentiras se debe convertir en la alternativa a El Rey León, está difícil la batalla por la Gran Vía.

Time al tiempo - Ron Lalá

Hoy debería actualizar con el nuevo espectáculo de Ron Lalá, Time al tiempo. Pero no tengo tiempo, el tiempo corre que vuela, el tiempo es oro, el tiempo perdido no se puede recuperar y ahora lo que necesitamos es timar al tiempo.

La búsqueda de uno mismo con Mi misterio del interior dio paso a la destrucción de su hábitat con Mundo y final. Ahora se enfrentan a una contrarreloj para defender al tiempo en un espacio con mucho arte.

Pasen y vean, ellos son Ron Lalá y esto es Time al tiempo.

Humor, música y teatro son los tres elementos que definen a esta particular compañía. Un gorrión dentro de un limón fue el culpable de darles alas para que pudiésemos escucharles sobre un escenario. El tiempo ha pasado y el limón sigue tan ácido como al principio, nadie es capaz de cortarle las alas. Nos ha enseñado a mirar nuestro interior, ha explotado el mundo cada noche y ahora se atreve a plantarle cara al tiempo. Un equipo con estilo propio que está creando escuela.

Time al tiempo es un repaso en segundos, horas, lustros o milenios a lo que esconde un reloj. Ya puede ser de arena, cuerda o digital, no importa, lo interesante es su contenido. Con una escenografía sencilla, a la que ya nos tienen acostumbrados, muestran sus ideas y críticas en pequeños sketches acompañados de música en directo. El juego con el público, la velocidad escénica y su cante jondo lirondo son marca de la casa. Confirman el dicho "menos es más".

Yayo Cáceres, con ayuda de Flor Saraví, es el encargado de dirigir a este quinteto masculino. Juan Cañas muestra su talento a la guitarra y vestido de mujer, un trovador en estado puro. Iñigo Echevarría venderá su tiempo, lo robará como médico y nos enseñará la flor que lleva dentro. Miguel Magdalena, la "Perilla de la Villa", es la cobra que quita tu zozobra pero que te da pesadillas, un maestro del cante flamenco de todos los tiempos, literalmente. Daniel Rovalher, "Boli", desnuda su alma al público y encima le roban la novia. Álvaro Tato, que no para de ganar premios con su poesía, se encarga de darnos crédito de su tiempo, a veces es una abeja y sabe reparar relojes. Ahora podéis ver una pequeña muestra de cómo se tima al tiempo.


Opinión personal: cuando una pequeña compañía va creciendo por todo el mundo y son nominados en los Premios Max como Mejor Espectáculo Revelación, poco más se puede añadir. Cumplen lo que prometen, humor, música y teatro, de una manera limpia y sin necesidad de abusar de los chistes fáciles. Los podéis ver en el Teatro Alfil, hasta el 18 de septiembre, y de gira por España. Podría decir alguna cosa más pero ya avisé de que no tenía tiempo.

¡Ay, Carmela!

Todo comienza con la obra de José Sanchís Sinisterra, uno de los mejores dramaturgos en español. En 1987 ve la luz ¡Ay, Carmela!, un libreto que narra la "elegía de una guerra civil en dos actos y un epílogo". Esta historia le otorgaría al autor el Premio Max como Mejor Autor Teatral en Castellano.

Sobre las tablas zaragozanas, José Luis Gómez y Verónica Forqué estrenaban este clásico teatral. Fue un gran éxito entre los espectadores y los expertos. Los personajes, Paulino y Carmela, empezaban a crearse una historia propia en el recuerdo de la cultura de España.

Una obra que se convierte en representación casi obligatoria el 14 de abril, aniversario de la II República. Entre los grupos que suelen realizar este "ritual" se encuentra Taormina Teatro, compañía con 38 años de experiencia, más los años autodidactas. Un grupo que respeta el texto y que nunca decepciona. Con la puesta en escena sencilla recrean el ambiente de ese teatro en el cual transcurre la acción. 

Ha pasado mucho tiempo desde su primera representación, pero hay dos cosas que se han mantenido fijas en Taormina. Su director, José Palacios, y el actor que interpreta a Paulino, Antonio Orozco. Dos piezas clave que funcionan al unísono cuando hay un escenario cerca. Aunque las actrices que pasaban por Carmela han ido cambiando, Palacios ha sabido solventarlo y Orozco es un gran apoyo en escena. De todas las versiones que hemos visto de ¡Ay, Carmela!, esta combinación es la mejor opción para disfrutar en un teatro. A Taormina le quedan muchos años de dar guerra.

En 1990 Carlos Saura decide llevar el texto al cine, convirtiéndose en una de sus películas mejor calificadas. Acompañado en este caso por Carmen Maura y Andrés Pajares, una buena pareja, nos plantea una visión más amplia de los escenarios y situaciones de la obra. El cine tiene esa ventaja y Saura supo aprovecharlo, así lo demuestran los 13 Premios Goya que recibió en su V edición.


Opinión personal: esta es una de esas historias que hay que conocer en cualquiera de sus versiones, literatura, teatro o cine. Una mezcla de crónica sobre la memoria republicana unida al homenaje a los artistas que sufrieron por hacer simplemente su trabajo. Recordamos ¡Ay, Carmela! el 14 de abril precisamente por ese aniversario, pero fuera de ideologías hay que situar esta obra en el lugar que se merece, entre los clásicos.

Teatro en Twitter (#TeatroEnTwitter)

Todos conocemos una de las mayores redes sociales que forman parte de nuestra visita diaria a Internet, Twitter. Aquí podemos encontrar los comentarios, de 140 caracteres, de personas de todo el mundo. El cine, los deportes, con su particularidad sobre el fútbol, la música, los medios y periodistas, la belleza y, desde hace poco tiempo, la literatura forman parte de la sección "A quién seguir" de esta web.

¿Qué es lo que se pide? Algo sencillo y de rápida solución. La aparición de un nuevo tema, "Teatro". Aunque pueda parecer una temática que con el tiempo se ha considerado minoritaria, muchas son las compañías, teatros, aficionados y especialistas que forman parte de los millones de usuarios de Twitter. Esta puede ser la manera más cómoda para poder encontrar lo que te puede interesar en este medio.

Por eso, con la idea de @ClubSmedia, con su community manager @claraavilac y con el apoyo de @TeatrodeMadrid, @TeatroAbadia, @TeatroAmaya, @TeatrosCanal, @TeatroLara, @TeatroAlfil, @CircoPrice, @LaCasaEncendida, @TeatrePrincipal, @TeatroQuintero, @TeatroCuyas y @TPerezGaldos, entre otros, se lleva a cabo esta iniciativa por un #TeatroEnTwitter.

Porque queremos seguir leyendo los artículos y estar informados de todo lo que pasa en los escenarios con @TeatroTwitteado, @Noletia, @broadwaygranvia, @madridimprovisa, @mequitoelcraneo y de nuestro propio blog @AbajoelTelon, por nombrar algunos dentro de este grupo cada vez mayor.

Con el apoyo de los profesionales del teatro sobre las tablas @Tricicle, @mdelavagina, @pyllana, @Impromadrid, @SamuelGarAr, @pabloenlaweb, @monicaragon y @VICTORCONDEcom, por reducir la gran lista a unos pocos nombres, conseguiremos que el hashtag #TeatroEnTwitter sea Trending Topic.

Porque somos un grupo y queremos estar unidos en Twitter desde Twitter. Porque todos queremos un #TeatroEnTwitter.

Glorious, la peor cantante del mundo

Todo comienza con la presentación de Cosme McMoon (Mamón), no es nombre artístico, situando al público en el espacio y el tiempo. Alrededor de los años 30, y con un piano en escena, nos va contando como fue su relación con la excéntrica "soprano" Florence Foster Jenkins.

Se comenta que la diva comenzó su carrera en 1912, el mismo año que tuvo lugar el hundimiento del Titanic. Las malas lenguas dicen que las tragedias nunca vienen solas.

Las herencias familiares suelen ser un motivo de sufrimiento, en este caso todos sufrimos por el dinero que dio pie a esta "artista".


"La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que no canté", así contestaba a las críticas. Una mujer sin complejos, convencida de su talento y con dinero suficiente para pagar su capricho, cantar. Así consiguió grabar nueve arias en cinco discos, y todo a la primera porque "si no sale bien la primera vez, no va a mejorar por repetirlo".

Un escenario sencillo que puede dar mucho juego con los escondites secretos. La amiga de la señora Foster Jenkins, que se parece asombrósamente a su asistenta y también a una exaltada melómana. Interactuando con el público consiguen que la figura de Florence se gane el cariño de sus fans y sienta el fervor del patio de butacas. Una obra que baja su telón en el Teatro Compac de Gran Vía, pero que seguramente de mucho que hablar en otras tablas.

Llum Barrera, actriz que podemos ver actualmente en la serie de TV3 Polseres Vermelles, se encarga de desafinar a la perfección en la piel de Florence. McMoon comenzó siendo Ángel Ruiz, como vemos en el vídeo, y en su última temporada es sustituido por Richard Collins-Moore, un acento inglés de nacimiento que viene a la perfección para el pianista descarado. El reparto lo completa la cómica Alejandra Jiménez-Cascón, una actriz muy versatil que lo demuestra con sus tres personajes.


Opinión personal: Glorious es una de esas obras que te demuestran que no hace falta llenar un escenario de actores para conseguir que el público no se aburra. Yllana son maestros en lo que a comedia se refiere y aquí lo demuestran con su dirección. Con una interpretación muy buena, especialmente la de Llum Barrera que con cada gesto y nota hace reír al patio. En definitiva, esta obra se resume como la propia Florence, sencilla pero impactante.

Chicago: sexo, crímenes y Jazz Journalism

"Come on babe, Why don't we paint the town? And all that Jazz". Chicago, años 20, Velma Kelly sobre el escenario interpreta su número mientras, entre el público, Roxie Hart lo observa.

Si algo caracteriza al Jazz Journalism son sus temas relacionados con el sexo y los crímenes violentos. Así es como Roxie llegará a la carcel, por asesinar a su amante tras haberla engañado con una supuesta carrera como artista.

Aunque su marido, Amos Hart, intenta defenderla, ella terminará en prisión. Ahora Roxie es noticia.

"Mama" es la encargada del pabellón donde se encontrarán Velma y Roxie. Y allí sólo hay una norma: "When you are good with Mama, Mama is good with you". Así es como Velma consigue salir en "Redbook Magazine", cualquier publicidad en los medios es buena y un doble asesinato es un chuletón para los perros hambrientos de la prensa.

Roxie irá conociendo poco a poco lo que le rodea. "Cell Block Tango" es un número perfecto, presentado por el director de orquesta, que enseña los motivos de las presas. Un poco más de sexo, violencia y crímenes pasionales, lo más escabroso para avivar el fuego del Jazz Journalism. Todo esto, unido a la lencería fina, nos lleva junto al abogado que todas desean, el hombre que consigue lo que tú quieres dominando a los medios, él es "B I double L Y" Billy Flynn. "We want Billy".

Encargado del caso de Velma, Billy se cruzará con Roxie. Ella quiere que la defienda, 5000 dólares es el precio. Amos conseguirá parte de este dinero, Roxie es ahora una clienta más. En las manos del galán su fama aumenta y competirá con Velma por la luz de los flashes. La rubia se convierte en una marioneta con vida propia que resulta simpática a la prensa y su historia ocupará las portadas de un Chicago sumido en un ambiente Jazz.

Conoceremos a una Roxie diferente, una Roxie que enamora a la prensa, un personaje creado por Billy para tener ese apoyo. Ella empieza a sentir lo que ha soñado siempre, ser esa estrella del escenario. Un escenario que no deja de recordarnos al de Cabaret, del que bebe esta película. La fama es pasajera y eso lo sabe Velma, que se ve eclipsada, por lo que le sugerirá a Roxie compartirla, triunfar juntas al salir de prisión, como hacía con su hermana. La misma que asesinó por encontrarla con su marido haciendo el "Spread Eagle".

Más crímenes, bailes, juicios, periódicos sensacionalistas, el cinismo de una sociedad con mucho que ocultar y dos mujeres que se complementan terminarán con esta historia. Podríamos seguir contando un poco más sobre lo que pasa, pero creo que nunca hemos sido tan explícitos con una película. La gran cantidad de números musicales no pueden explicarse, eso hay que verlo.

Renée Zellweger ganaría el Globo de Oro por su papel de la rubia Roxie Hart. El Óscar a la Mejor Actriz de Reparto fue a manos de Catherine Zeta-Jones por su sorprendente interpretación de Velma Kelly. El adorado Billy le entregó a Richard Gere el mismo premio que Roxie, pero en versión masculina. El Sindicato de Actores premió a las actrices y al reparto, lo único que pudo conseguir la "Mama" Queen Latifah, que se veía tapada por Velma. Con todo esto, la estatuilla no tenía más remedio que irse a manos de este musical.


Opinión personal: el tiempo lo ha situado entre uno de los musicales mejor valorados, tanto en el cine como en el teatro. Una película que dibuja una situación en los medios de los años 20 con el pincel de la música jazz. Aunque ha sido descatalogada, cosa que no se comprende muy bien, Chicago nunca dejará de ser uno de los grandes musicales, junto a Cabaret, Cantando bajo la lluvia o Hair. Una de esas obras que hay que conocer en cualquiera de sus formatos.
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