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Periodismo y cine I: Los años 40

Ciudadano Kane
Esta es una etapa dominada por dos películas que han marcado al periodismo: Ciudadano Kane y Luna Nueva. Cuando se pregunta a la gente por una película que aluda a esta profesión suelen responder con una de ellas, dependiendo de los conocimientos en cine.

Ciudadano Kane de Orson Welles es un trabajo que todo el mundo asegura conocer y la repercusión que tuvo en su estreno en 1941 ha llegado hasta nuestros días. Fue seleccionada como la mejor película de la historia del cine estadounidense, por delante de El padrino o Casablanca, según el American Film Institute (AFI). En este largometraje se cuenta la historia de Charles Foster Kane, el personaje ficticio que creó Welles para atacar al magnate de la prensa sensacionalista del momento, William Randolph Hearst.

'Inquirer'
Welles representa el ascenso y la caída de Kane, un flashback por su vida para encontrar el significado de su última palabra, una palabra que se ha situado entre las mejores frases célebres de la historia del cine, “Rosebud”. Ciudadano Kane es la muestra clave del amarillismo, portadas con grandes titulares, titulares morbosos y fotografías llamativas. Kane lo aprovecha para mover su campaña política, el periódico ‘Inquirer’ le pertenece y lo manipula a su beneficio, táctica del propio Hearst con su mítico “ponga usted las imágenes que yo pondré la guerra”.

En este drama podemos ver la creación de un periódico desde el primer minuto, la lucha por conseguir ser una cabecera importante. Sus ventas aumentan, lo plasma en el escaparate para demostrar quién es. Welles tenía muy claro lo que quería enseñar, conseguir devolver a Hearst un poco del daño que estaba causando con sus mentiras o falsas verdades. La compra de los periodistas más prestigiosos para sus contenidos, un todo vale para su interés. Kane se enamora de una cantante de segunda que quiere convertir en una diva de la ópera, la discusión por la crítica que pondría su periódico es una auténtica muestra de periodismo. La película perdió el Óscar contra ¡Qué verde era mi valle! de John Ford, parece que no le sentó muy bien la crítica a Hearst.

Luna Nueva
Un año antes se estrenaba Luna Nueva de Howard Hawks y su trama jugaba en la redacción de otro periódico, el ‘Morning Post’. Una adaptación de la obra teatral The Front Page, de Ben Hecht y Charles MacArthur, que ya fue llevada al cine con anterioridad por Lewis Milestone en 1931 con El gran reportaje, y que será adaptada por Billy Wilder en 1974 bajo el título de Primera plana.

Hildy Johnson, la mejor reportera del ‘Morning Post’, anuncia que va a dejar el periodismo para casarse y dedicarse a las labores del hogar. Entonces Walter Burns, el editor del periódico y ex-marido de Hildy, se sirve de toda clase de artimañas para retenerla en el periódico y, de paso, reconquistarla. Una gran adaptación que lleva a la comedia el tema periodístico. Lo más interesante de esta película es ver el papel de la mujer dentro de la prensa, es raro encontrar una mujer con cierto poder dentro de este mundo en esa época. Es cierto que, viéndolo en la distancia, no deja de ser un papel débil y dominado por el del hombre, pero ya era un avance en lo que al papel de la mujer se refiere. Rosalind Russell sabe plantarse frente a Cary Grant y dejar referencia del periodismo en el cine. Esta comedia apareció en el puesto 19 de las 100 mejores películas de este género de la historia del cine americano según el AFI.

Esta década, en pleno auge de la Edad de oro de Hollywood, completa su recorrido por el cine periodístico con películas como Enviado especial de Alfred Hitchcock, que muestra el papel del corresponsal en la Segunda Guerra Mundial. Historias de Filadelfia lleva la prensa rosa a la gran pantalla con dos reporteros persiguiendo a una rica heredera, algo muy habitual en nuestros días. Dos grandes películas que cierran esta década y en las cuales la prensa juega un papel secundario, como elemento de presión sobre los personajes, son El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder y Eva al desnudo de Joseph L. Mankiewicz.

Ciudadano Kane, la batalla entre Welles y Hearst

Esta es la historia de dos hombres, Orson Welles y William Randolph Hearst, y de una batalla mano a mano por la publicación de uno de los mitos del cine, Ciudadano Kane. Una película que se vio rodeada de polémica dentro y fuera de la misma.


Todo comienza con la llegada de Welles, el niño prodigio, a la CBS, desde allí llevó el pánico a las calles de New Jersey, donde estaba teniendo lugar los hechos de su, ya famosa, narración de La guerra de los mundos de H.G. Wells. Con este simpático suceso llegamos a su siguiente paso, la contratación de Orson por parte de la RKO. Aquí surgirá su ópera prima, y para muchos la gran obra maestra, Ciudadano Kane.


Con una conversación sobre el torero Manolete y dos puntos de vista distintos sobre el maltrato animal, Hearst criticando al matador y Welles contra el zoo del editor, comienza la tensa relación entre estas grandes figuras. Así se inicia una idea, un personaje, alguien tenía que contar la historia negra del amarillista editor del New York Journal y ese sería Welles.

A los 24 años, el genio de Wisconsin, consiguió convencer a Hernan J. Mankiewick, hermano mayor del director de Eva al desnudo, para que fuese su coguionista. Con cierto miedo, por lo que implicaba atacar al magnate de la prensa sensacionalista, aceptó el trabajo y consiguieron el libreto que se llevaría el Óscar al Mejor Guión original en 1941. La RKO aceptó sacar adelante el proyecto, aunque el productor George Schaefer insistía en que debería rodar La guerra de los mundos.

Comienza a grabar antes de lo establecido, cuando debía hacer las pruebas de cámara ya llevaba dos escenas a positivar. Una película que tiene como director de fotografía a Gregg Toland, oscarizado por Cumbres Borrascosas, y que juega con los planos contrapicados para dar ese poder a Kane y una profundidad de campo que muestra la guerra entre personajes, llegando a romper el suelo para conseguir el plano perfecto.

Si hay algo que ha dejado en la memoria este film es “Rosebud”, la palabra que dice Kane antes de morir y que dará pie a la investigación de los periodistas de su periódico para conocer su significado. Welles quiso hacer un ataque directo en este sentido, ya que “Rosebud” era la manera que tenía Hearst de llamar al clítoris de su amante, la actriz, Marion Davies.

Sacando a la luz la personalidad del editor con sus continuas invenciones, la idea del "I make news", como hizo con la Guerra de Cuba, para continuar siendo el mayor empresario del sector. Las contrataciones de los mejores periodistas del momento, como fue el caso de Louella Parsosns, rival de Hedda Hopper, que adelantó a Hearst el contenido de la cinta y su gran similitud con su vida. Este afán por conseguir a los mejores le llevó a un enfrentamiento con Joseph Pulitzer.

La obsesión por la perfección de Welles le llevó a grabar más de 56 tomas de una misma escena, provocando que el presupuesto corriese peligro. Cuando se grabó la última escena, Hearst había movilizado a las grandes productoras de Hollywood para comprar todas las copias y quemar las pruebas que le mostraban como el demonio de la prensa. 

En 1999 la productora HBO decide llevar a cabo la película documental RKO 281, que cuenta todo lo que sucedió alrededor de este Ciudadano Kane. Una obra que contó con el apoyo incondicional de la crítica pero que, por culpa de las trabas de Hearst, no llegó de la misma manera a la audiencia. Quizá una de sus últimas maniobras fuese el evitar que Welles triunfase en los Óscar, recibiendo sólo 1 de las 9 nominaciones, desbancado por ¡Qué verde era mi valle!, menos recordada que Citizen Kane.

Aunque consiguiera que su productor de la RKO fuese despedido por continuar adelante con el proyecto Kane hasta el final, hay que reconocer que Orson Welles es uno de los maestros del cine con obras como El cuarto mandamiento o Sed de mal, última producción de RKO Pictures. La combinación de Ciudadano Kane y RKO 281 es una manera perfecta de conocer uno de los momentos clave en la historia del periodismo.


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